El 1 de septiembre de 1939 se toma como el día en que se inició la 2° Guerra Mundial

Publicado por Óscar Modrego en

“Quién olvida su historia esta condenado a repetirla”  Napoleón Bonaparte.

No hay más que mirar de nuevo a Europa para asentir con la cabeza y dar la razón a lo dicho por el emperador francés.

No quiero hablar de guerras pero sí del pasado.

Yo con el pasado tengo una relación de amor odio. Supongo a ti te pasará lo mismo.

Si echo la vista atrás mis emociones se empiezan a revolucionar. Melancolía, tristeza, alegría, ira, pánico,… 

El pasado es capaz de despertar en mí una turbina de emociones que me arrastra y que para evitarlo  tengo que ponerme en píe y sacudirme como un perro que acaba de salir del agua del mar, para despegarme de esa viscosidad emocional y volver a centrarme en lo que sucede ahora mismo por mi vida.

Los responsables de esta maraña de emociones son: El apego a lo que te llenó el corazón y por otra parte las heridas que te quedan por sanar y marcaron tu alma.

“Hay mucha plancha” o “mucho  curro” con el apego y las heridas por sanar. A veces ambas van juntas en el mismo episodio vivido.

No vale cerrar en falso esos episodios pasados. El pasado. siempre llamará a tu puerta de nuevo y te trastocará todo el presente. 

La personas que te quieren te dicen con todo el cariño del mundo: -“Olvida lo que sucedió”- 

Pero es que no funciona así. 

El único camino es, la aceptación.

 Aceptar la vida tal y como viene.

Ayer se me hizo un nudo en el estómago y terminé llorando después de ver  en las noticias el fallecimiento de una bebé de veinte meses en esa descomunal tormenta de granizo caída en Barcelona.

No hay nada que mitigue el dolor que puedan estar sintiendo esos padres. ¡NADA absolutamente!

Para ellos ahora mismo no hay vida. No hay ni presente, ni futuro. Se podría decir que ellos también “han muerto”. Ya que se han quedado, como no podía ser de otra manera, anclados al pasado. A lo sucedido.

Nada les hará olvidar a su pequeña. 
Con el tiempo, con mucho tiempo, lo único que podrá sanar tal brutal herida es,  la aceptación. 

¡Ojo! aceptar no es resignarse. ¡No tiene nada que ver!

La resignación es pasividad, no aprendizaje, indefensión.

 A través de la aceptación  el dolor emocional  se ve amortiguado ya que hace que desviemos nuestro foco, nuestra atención a la situación general, y no solo hacia lo malo ocurrido.

La aceptación nos llevará a la resiliencia. A aumentar nuestra capacidad de adaptarnos a cualquier situación o experiencia que la vida nos traiga.

¡Disfruta y aprende aceptando la vida!

Hoy, aquí y ahora.

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